miércoles, 14 de marzo de 2012

Cuatro Versiones Incas de la Leyenda del Dios Blanco / Parte 1 de 3

Parte 1 de 4

"El Dios Ticiviracocha"

por Kirk Magleby

Es muy conocido el hecho de que casi todas las tribus indígenas del Hemisferio Occidental han preservado tradiciones sobre la aparición en la antigüedad de un dios blanco que bajó del cielo para instruir y organizar a su pueblo. Algunas de las versiones más interesantes de esta extendida tradición proceden del Perú, donde se conoce a ese dios legendario bajo los nombres de Kon Tiki Viracocha, Tunupa, Pachacamac, Tarapacao Arnauan, según la región del país.

Cuatro afamados cronistas que escribieron historias de los incas, Pedro Cieza de León, Pedro Sarmiento de Gamboa, Juan Betanzos y Juan de Santa Cruz Pachacuti, registraron interesantes relatos de ese dios blanco y barbado. Dichos escritos nos dan una descripción bastante detallada de su apariencia, personalidad y visitas a los antepasados de los indios andinos.

Pedro Cieza de León: "El Dios Ticiviracocha"

Cieza de León llegó a Perú en 1548 como soldado de un destacamento enviado para sofocar una rebelión que se había convertido en una guerra civil entre los españoles. Permaneció allí hasta 1550, tiempo durante el cual visitó casi toda aquella tierra recién conquistada, observando y registrando por escrito descripciones del terreno, la flora, las costumbres nativas y los aspectos más importantes de la historia indígena. Desde sus viajes a Colombia, en 1541, había llevado un diario de sus observaciones; pero en Perú, Cieza de León se dejó fascinar por la idea de escribir una historia del país y sus nativos. Después de terminar sus deberes militares, se dedicaba a conversar con los amautas (hombres sabios entre los indios) y los orejones (nobles incas), así como con españoles versados en esos conocimientos, a fin de aprender todo lo que podía sobre la historia y las tradiciones del Imperio Inca.

Un Dios blanco en América

"Lo que yo aquí escribo son verdades y cosas de Importancia, provechosas . . .", escribió en la dedicatoria de su primer libro, "pues muchas veces cuando los otros soldados descansaban, cansaba yo escribiendo."

La primera obra de este historiador, La crónica del Perú, fue publicada por primera vez en Sevilla, en 1553; la última, El señorío de los incas, permaneció inédita hasta 1880. En el capítulo cinco de ésta última, Cieza de León relata la siguiente leyenda sobre la aparición de un dios blanco a los antepasados de aquellos indígenas:

"Antes que los Incas reinasen en estos reinos ni en ellos fuesen conocidos, cuentan estos indios otra cosa muy mayor que todas las que ellos dicen, porque afirman que estuvieron mucho tiempo sin ver el sol y que, padeciendo gran trabajo con esta falta, hacían grandes votos é plegarias a los que ellos tenían por dioses, pidiéndoles la lumbre de que carecían; y que estando desta suerte, salió de la isla de Titicaca, questá dentro de la gran laguna del Collao1, el sol muy resplandeciente, con que todos se alegraron. Y luego questo pasó, dicen que de hacia las partes del Mediodía vino y remanesció un hombre blanco de crecido cuerpo, el cual en su aspecto y persona mostraba gran autoridad y veneración, y queste varón, que asi vieron, tenia tan gran poder, que de los cerros hacia llanuras y de las llanuras hacia cerros grandes, haciendo fuentes en piedras vivas; y como tal poder reconociesen, llamábanle Hacedor de todas las cosas criadas, Principio deltas, Padre del sol, porque, sin esto, dicen que hacia otras cosas mayores, porque dió ser á los hombres y animales, y que, en fin, por su mano les vino notable beneficio. Y este tal, cuentan los indios que á mi me lo dixeron, que oyeron á sus pasados, que ellos también oyeron en los cantares que ellos de lo muy antiguo tenían, que fué de largo hacia el NORTE, haciendo y obrando estas maravillas, por el camino de la serranía, y que nunca jamás lo volvieron á ver. En muchos lugares diz que dió orden á los hombres cómo viviesen, y que les hablaba amorosamente y con mucha mansedumbre, amonestándoles que fuesen buenos y los unos á los otros no se hiciesen daño ni injuria, antes, amándose, en todos hobiese caridad. Generalmente le nombran en la mayor parte Ticiviracocha, aunque en la provincia del Collao le llaman Tuapaca, y en otros lugares della Arnauan.

Fuéronle en muchas partes hechos templos, en los cuales pusieron bultos de piedra á su semejanza, y delante dellos hacian sacrificios: los bultos grandes questán en el pueblo de Tlahuanacu, se tiene que fué desde aquellos tiempos; y aunque, por fama que tienen de lo pasado, cuentan esto que digo de Ticiviracocha, no saben decir del más, ni que volviese á parte ninguna deste reino."

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